sábado, 6 de diciembre de 2014

PROYECTO COMPETENCIAS COMUNICATIVAS





PROYECTO COMPETENCIAS COMUNICATIVAS

ELIZABETH NOSSA PINEDA
1121856932

DIANA BOJACA
1071330219

YOHANA OSORIO
1012372548

FABIAN ARLEY PINZÓN ROJAS
106926362625

EDWIN SEGURA

80097078




PRESENTADO A
BARBARA RODRIGUEZ



UNIVERSIDAD NACIONAL ABIERTA Y A DISTANCIA
COMPETENCIAS COMUNICATIVAS
DICIEMBRE 6 DE 2014






ENLACES:

https://www.youtube.com/watch?v=YlWY6_GcNyQ

https://www.youtube.com/watch?v=4ZrZ1TOys8I







NO QUIERO SER YO


Una niña que viene de una familia pobre, siempre anhelaba ser alguien en la vida, pero por tener bajos recursos, se le dificultaba tener lo que ella quería, En la escuela era maltratada por sus compañeros, sus padres nunca se dieron cuenta de lo que ella vivía, ella siempre se encerraba en su cuarto a llorar, nadie la entendía, no tenía amigos, sus días en la escuela eran terribles.



Ella tan solo era una niña de 7 años que hasta ahora estaba empezando a vivir, pero sus padres solo decían que era cosas de niños, que de pronto estaba enamorada, Un día de tanto llorar se dijo a sí misma no quiero ser yo, quiero ser como las demás, que tienen todo, que están siempre con sus padres, que salen los domingo a pasear, que son una familia.


Los días pasaban y la niña seguía triste, y un día la profe le pregunto, Camila que te pasa, una vez más llegando tarde a la escuela!... ya son 3 días, además de tus faltas disciplinarias y bajas notas, ella se quedó callada…le bajo una lagrima por su rostro, Mientras la profesora continuaba, con su discurso, muy bien argumentado, acerca de lo decepcionada que estaba de ella.


La profesora no se imaginaba lo que ella estaba viviendo, lo duro que le tocaba, el pensar que le tocaba llegar a la casa y no encontrar a nadie, no poder compartir el dolor que lleva dentro eso la frustraba mas a su tristeza y el odio a la vida.



Cierta tarde, la inquieta Camila, jugaba en el extenso patio contiguo a su casa. Un local con puerta independiente, techado en un cincuenta por ciento, donde estaba la lavandería. La pequeña jugaba con su muñeca y le decía que era su hija y que nunca la iba a hacer sufrir Con el corazón acelerado tomó a su muñeca entre sus manitas, la lanzó al aire y con toda su fuerza infantil enviándola dentro del cesto de ropa sucia, junto al lavadero. 


Los minutos transcurrieron apaciblemente hasta que la puerta del patio emitió el sonido de unos goznes oxidados, era su madre la misma persona que unos años antes le había dado la vida y sufrido al parirlo acercándose para ver en qué andaba. 


Camila, sonriendo tiernamente volteó expresando con total inocencia: "mira... mami". Ella, al ver el detergente,  y la prenda dentro del agua se llenó de furia, tomó a la pequeña por los pelos jalándola violentamente en sentido contrario del lavadero, estrellándola contra el piso. Luego lo hizo fuertemente de su frágil brazo y empezó a abofetearlo descontroladamente. 


“¡Muchacha desobediente, ya te he dicho que estés quieta!” “¡No aprendes carajo!” “¡Ahora vas a ver!” “¡Quién te manda a malograr la ropa!”, vociferaba mientras lo golpeaba. La niña desconcertada gritaba de dolor y miedo.





Camila, en un descuido de su madre logró zafarse del cruel castigo, se echó a correr con dirección al jardín, a ése edén que cobijaba sus aventuras y le brindaba las caricias negadas. Por un instante se detuvo en la escalera de concreto sin dejar de llorar pero la calma estaba a punto de romperse nuevamente. 


Su madre apareció con una correa (cinturón) de cuero en la mano, el rostro delatando rabia, y una idea fija: corregir la “travesura”.¡Ven acá!, le ordenó. “No mamita… por favor no me castigues... ya no lo vuelvo hacer”, suplicaba sin saber la razón de su tormento. Ella empezó a bajar las gradas acercándose lentamente, exigiéndole que no se moviera. “Perdón… mamita perdón”, imploraba mientras retrocedía trastabillando. 


Ante tal desobediencia su madre agilizó el paso y ella nuevamente se echó a correr. Ambos, perseguidor y perseguida, corrían por la escalera con dirección a la fábrica. ¡Pedazo de mierda te he dicho que te detengas!, le ordenaba voz en cuello. Camila no detenía la velocidad de sus diminutos pies, tampoco cesaba de llorar.


“¡Nadie te va a salvar de ésta!”, empezó a amenazarla. “¡No me pegues... mamita!” “¡Yo te quiero con todo mi corazón... por favor mami, no me matees!”, respondía asustada. Por unos segundos, preso del cansancio, se detuvo. Volteó para ver a su madre cuando sintió que un pedazo de madera le impactaba en la nariz, bañándolo en sangre. 


Reinició su huida considerando que ya no se trataba de esquivar el dolor al recibir un golpe sino de salvar la vida. Pero su precoz fortaleza física no podía competir con el de la mujer que lo seguía muy de cerca. Al final fue alcanzada y masacrada a golpes, teniendo como mudos testigo a las plantas y bichos del jardín que cada tarde arropaba la alegría de Camila.