PROYECTO COMPETENCIAS COMUNICATIVAS
ELIZABETH NOSSA PINEDA
1121856932
DIANA BOJACA
1071330219
1071330219
YOHANA OSORIO
1012372548
1012372548
FABIAN ARLEY PINZÓN ROJAS
106926362625
EDWIN SEGURA
80097078
EDWIN SEGURA
80097078
PRESENTADO A
BARBARA RODRIGUEZ
UNIVERSIDAD NACIONAL ABIERTA Y A DISTANCIA
COMPETENCIAS COMUNICATIVAS
DICIEMBRE 6 DE 2014
ENLACES:
https://www.youtube.com/watch?v=YlWY6_GcNyQ
https://www.youtube.com/watch?v=4ZrZ1TOys8I
NO QUIERO SER YO
Una niña que viene de una familia pobre, siempre anhelaba ser
alguien en la vida, pero por tener bajos recursos, se le dificultaba tener lo
que ella quería, En la escuela era maltratada por sus compañeros, sus padres
nunca se dieron cuenta de lo que ella vivía, ella siempre se encerraba en su
cuarto a llorar, nadie la entendía, no tenía amigos, sus días en la escuela
eran terribles.
Ella tan solo era una niña de 7 años que hasta ahora estaba
empezando a vivir, pero sus padres solo decían que era cosas de niños, que de
pronto estaba enamorada, Un día de tanto llorar se dijo a sí misma no quiero
ser yo, quiero ser como las demás, que tienen todo, que están siempre con sus
padres, que salen los domingo a pasear, que son una familia.
Los días pasaban y la niña seguía triste, y un día la profe le
pregunto, Camila que te pasa, una vez más llegando tarde a la escuela!... ya
son 3 días, además de tus faltas disciplinarias y bajas notas, ella se quedó
callada…le bajo una lagrima por su rostro, Mientras la profesora continuaba,
con su discurso, muy bien argumentado, acerca de lo decepcionada que estaba de
ella.
La profesora no se imaginaba
lo que ella estaba viviendo, lo duro que le tocaba, el pensar que le tocaba
llegar a la casa y no encontrar a nadie, no poder compartir el dolor que lleva
dentro eso la frustraba mas a su tristeza y el odio a la vida.
Cierta tarde, la inquieta
Camila, jugaba en el extenso patio contiguo a su casa. Un local con puerta
independiente, techado en un cincuenta por ciento, donde estaba la lavandería.
La pequeña jugaba con su muñeca y le decía que era su hija y que nunca la iba a
hacer sufrir Con el corazón acelerado tomó a su muñeca entre sus manitas, la
lanzó al aire y con toda su fuerza infantil enviándola dentro del cesto de ropa
sucia, junto al lavadero.
Los minutos transcurrieron
apaciblemente hasta que la puerta del patio emitió el sonido de unos goznes
oxidados, era su madre la misma persona que unos años antes le había dado la
vida y sufrido al parirlo acercándose para ver en qué andaba.
Camila, sonriendo tiernamente
volteó expresando con total inocencia: "mira... mami". Ella, al ver
el detergente, y la prenda dentro del
agua se llenó de furia, tomó a la pequeña por los pelos jalándola violentamente
en sentido contrario del lavadero, estrellándola contra el piso. Luego lo hizo
fuertemente de su frágil brazo y empezó a abofetearlo descontroladamente.
“¡Muchacha desobediente, ya te he
dicho que estés quieta!” “¡No aprendes carajo!” “¡Ahora vas a ver!” “¡Quién te
manda a malograr la ropa!”, vociferaba mientras lo golpeaba. La niña
desconcertada gritaba de dolor y miedo.
Camila, en un descuido de su
madre logró zafarse del cruel castigo, se echó a correr con dirección al
jardín, a ése edén que cobijaba sus aventuras y le brindaba las caricias
negadas. Por un instante se detuvo en la escalera de concreto sin dejar de
llorar pero la calma estaba a punto de romperse nuevamente.
Su madre apareció con una
correa (cinturón) de cuero en la mano, el rostro delatando rabia, y una idea
fija: corregir la “travesura”.¡Ven acá!, le ordenó. “No mamita… por favor no me
castigues... ya no lo vuelvo hacer”, suplicaba sin saber la razón de su
tormento. Ella empezó a bajar las gradas acercándose lentamente, exigiéndole
que no se moviera. “Perdón… mamita perdón”, imploraba mientras retrocedía
trastabillando.
Ante tal desobediencia su
madre agilizó el paso y ella nuevamente se echó a correr. Ambos, perseguidor y
perseguida, corrían por la escalera con dirección a la fábrica. ¡Pedazo de
mierda te he dicho que te detengas!, le ordenaba voz en cuello. Camila no
detenía la velocidad de sus diminutos pies, tampoco cesaba de llorar.
“¡Nadie te va a
salvar de ésta!”, empezó a amenazarla. “¡No me pegues... mamita!” “¡Yo te
quiero con todo mi corazón... por favor mami, no me matees!”, respondía
asustada. Por unos segundos, preso del cansancio, se detuvo. Volteó para ver a
su madre cuando sintió que un pedazo de madera le impactaba en la nariz, bañándolo
en sangre.
Reinició su huida considerando
que ya no se trataba de esquivar el dolor al recibir un golpe sino de salvar la vida.
Pero su precoz fortaleza física no podía competir con el de la mujer que lo
seguía muy de cerca. Al final fue alcanzada y masacrada a golpes, teniendo como
mudos testigo a las plantas y bichos del jardín que cada tarde arropaba la
alegría de Camila.







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